Las enfermeras que trabajamos a nivel asistencial, ejercemos la profesión en la mayoría de las ocasiones con unas dificultades mas que palpables, acentuadas éstas en la enfermería de atención especializada. Parece que se tienda a conseguir como objetivo final, la "superenfermera", con capacidad para ejercer su profesión en las condiciones más difíciles posibles, dando respuesta cada día a situaciones complejas, como: el ejercicio de los cuidados que necesitan tanto sus pacientes como sus cuidadoras, todo esto con una metodología profesional que requiere un tiempo del que desgraciadamente no dispones, ser el cajón de sastre donde acaban todas las responsabilidades de malfuncionamiento del hospital y estar al servicio de lo que se le ocurra a los responsables de admisión, servicios generales o de los servicios médicos, que aunque no tengan ascendencia legal, en los hospitales así se ejercita de facto. Y todo esto, con un número de profesionales de enfermería muy inferior al mínimo necesario para alcanzar unas condiciones básicas de calidad. Se nos exige evolucionar como profesión -y nosotros también perseguimos dicho objetivo-, pero a la par no se nos deja desarrollar y ocupar el lugar que nos corresponde en los cuidados del paciente.
Mientras tanto las enfermeras que ejercen labores de gestión suelen acabar por olvidarse, casi por completo, de su relación con la labor asistencial, distanciándose así de la realidad profesional. Esto nunca lo reconocerán ellas: "dime de que presumes y te diré de que careces". Para el hospital estas enfermeras gestoras no sólo se convierten en responsables de que las enfermeras asistenciales alcancen los objetivos que se marcan desde servicios centrales, -que por cierto, no siempre coinciden con los de la profesión- sino que también se les responsabiliza de cubrir tareas varias, que ellas asumen sin remordimientos, como: mantenimiento del servicio o unidad, necesidades varias no sólo de las enfermeras sino también de los médicos, estado de limpieza del entorno, reposición de material de todos los profesionales sean o no enfermeras, horario de visitas.., y lo que se le ocurra a los responsables de turno, por que todo parece caber y ser aceptado, en dicho "cajón de sastre", sin rechistar. Para colmo de despropósitos, son éstas las que consiguen de forma gratuita, la asistencia a los cursos de formación más deseables, y utilizan ésta para convertirse -a su vez- en deficientes formadoras del personal base. Y, por supuesto, vendiendo a los cuatro vientos la consecución de objetivos y avances, en bastantes ocasiones irreales, por parte del grupo de profesionales a los que éstas gestionan. No os asombréis, pero me he encontrado con supervisoras de enfermería que me han dicho en alguna ocasión, que no realice una acción de una determinada forma porque le puede molestar al Dr. X, no porque lo diga la evidencia, ¡y siguen de supervisoras!
Las enfermeras docentes, por su lado se olvidan también del tema asistencial, y tampoco dedican aunque sólo sea una pequeña parte de su tiempo a tareas asistenciales, ni siquiera a tareas de asesoría en su hospital universitario. En cambio, los médicos u otros profesionales que también son docentes, en su mayoría, también ejercen su profesión aunque lo hagan con jornadas reducidas. Sin embargo, dichas enfermeras docente son la clave de la formación y enfoque conceptual de las futuras enfermeras que saldrán de la universidad. Por otra parte, bastantes de los docentes de los alumnos de enfermería, pertenecen a otras profesiones como medicina, farmacia o psicología, por lo que el enfoque metodológico de sus asignaturas se resiente dejando bastante que desear.
En este orden de cosas, observando como funcionan otras profesiones universitarias, se comprueba como la profesión enfermera es de las pocas en las que se produce una disociación tan evidente entre los distintos roles profesionales, y también con su propio modelo profesional. No es de extrañar que exista un distanciamiento tan ostensible entre la profesión que todos los profesionales deseamos alcanzar y la que realmente tenemos, y en no pocas ocasiones padecemos. Las enfermeras no asistenciales terminan alejándose de la realidad profesional de las enfermeras asistenciales, acaban así las primeras por no identificarse con las últimas. Por otro lado el mensaje que se trasmite a la sociedad sobre la profesión de enfermera es, en ocasiones, confuso y contradictorio, no se llegándose a entender nuestro rol en la sociedad, a pesar del esfuerzo que hacemos diariamente. Entre otras cosas por la ausencia clara de un modelo metodológico identificable, que impregne a nuestra profesión en todos sus roles, ya sea asistencial, gestor o docente.
Entiendo que de una vez por todas, hay que dar la mayor coherencia interna a la enfermería, para que sea una profesión pueda crecer a nivel externo o social, en lugar de pasarnos el tiempo en una eterna construcción metodológica. Desde la formación, gestión, asistencia e investigación, toda nuestra acción ha de estar impregnada por un modelo profesional o forma de ver y hacer las cosas.
Mientras tanto las enfermeras que ejercen labores de gestión suelen acabar por olvidarse, casi por completo, de su relación con la labor asistencial, distanciándose así de la realidad profesional. Esto nunca lo reconocerán ellas: "dime de que presumes y te diré de que careces". Para el hospital estas enfermeras gestoras no sólo se convierten en responsables de que las enfermeras asistenciales alcancen los objetivos que se marcan desde servicios centrales, -que por cierto, no siempre coinciden con los de la profesión- sino que también se les responsabiliza de cubrir tareas varias, que ellas asumen sin remordimientos, como: mantenimiento del servicio o unidad, necesidades varias no sólo de las enfermeras sino también de los médicos, estado de limpieza del entorno, reposición de material de todos los profesionales sean o no enfermeras, horario de visitas.., y lo que se le ocurra a los responsables de turno, por que todo parece caber y ser aceptado, en dicho "cajón de sastre", sin rechistar. Para colmo de despropósitos, son éstas las que consiguen de forma gratuita, la asistencia a los cursos de formación más deseables, y utilizan ésta para convertirse -a su vez- en deficientes formadoras del personal base. Y, por supuesto, vendiendo a los cuatro vientos la consecución de objetivos y avances, en bastantes ocasiones irreales, por parte del grupo de profesionales a los que éstas gestionan. No os asombréis, pero me he encontrado con supervisoras de enfermería que me han dicho en alguna ocasión, que no realice una acción de una determinada forma porque le puede molestar al Dr. X, no porque lo diga la evidencia, ¡y siguen de supervisoras!
Las enfermeras docentes, por su lado se olvidan también del tema asistencial, y tampoco dedican aunque sólo sea una pequeña parte de su tiempo a tareas asistenciales, ni siquiera a tareas de asesoría en su hospital universitario. En cambio, los médicos u otros profesionales que también son docentes, en su mayoría, también ejercen su profesión aunque lo hagan con jornadas reducidas. Sin embargo, dichas enfermeras docente son la clave de la formación y enfoque conceptual de las futuras enfermeras que saldrán de la universidad. Por otra parte, bastantes de los docentes de los alumnos de enfermería, pertenecen a otras profesiones como medicina, farmacia o psicología, por lo que el enfoque metodológico de sus asignaturas se resiente dejando bastante que desear.
En este orden de cosas, observando como funcionan otras profesiones universitarias, se comprueba como la profesión enfermera es de las pocas en las que se produce una disociación tan evidente entre los distintos roles profesionales, y también con su propio modelo profesional. No es de extrañar que exista un distanciamiento tan ostensible entre la profesión que todos los profesionales deseamos alcanzar y la que realmente tenemos, y en no pocas ocasiones padecemos. Las enfermeras no asistenciales terminan alejándose de la realidad profesional de las enfermeras asistenciales, acaban así las primeras por no identificarse con las últimas. Por otro lado el mensaje que se trasmite a la sociedad sobre la profesión de enfermera es, en ocasiones, confuso y contradictorio, no se llegándose a entender nuestro rol en la sociedad, a pesar del esfuerzo que hacemos diariamente. Entre otras cosas por la ausencia clara de un modelo metodológico identificable, que impregne a nuestra profesión en todos sus roles, ya sea asistencial, gestor o docente.
Entiendo que de una vez por todas, hay que dar la mayor coherencia interna a la enfermería, para que sea una profesión pueda crecer a nivel externo o social, en lugar de pasarnos el tiempo en una eterna construcción metodológica. Desde la formación, gestión, asistencia e investigación, toda nuestra acción ha de estar impregnada por un modelo profesional o forma de ver y hacer las cosas.

totalmente de acuerdo
ResponderSuprimireso si es enpirador....
ResponderSuprimir:)